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LA OBLIGACIÓN DE AGRADECER

      Una de las grandes verdades en la vida es que cada día, cada minuto y en cada circunstancia hay un motivo para agradecer.   Poder abrir los ojos para alcanzar a ver un poco más del horizonte y entender mejor al mundo y al universo en el que vivimos es un privilegio por el cual se deben dar siempre las gracias.   

     Agradecer la vida no es solo una oportunidad, es también una obligación. 

     Y hay mil motivos.  Escuchar de la luz y conocerla, saber del amor y amar y a veces con locura,  mirar el cielo y de pronto cuando se cumple un sueño, alcanzarlo.  

     El simple hecho de existir y ser sin etiquetas es un regalo que viene incluido en la magia de sentir en cada milímetro de piel, la vida.  Nacer en determinada circunstancia no nos define, no nos hace mejores o ni peores.  Las habilidades con que  nacemos tampoco nos hacen superiores o inferiores, solo son añadiduras a nuestra persona.  Primero somos  y después es lo que hacemos, lo que tenemos, lo que logramos que es con lo que vivimos pero no nos determina.  

     Cuando respiramos profundamente cada instante de nuestra existencia y experimentamos con todos los sentidos la realidad y nos reconocemos en la piel, el alma y el corazón, entonces sabemos quienes somos.  Así es en nuestro silencio y nuestra forma de percibir la vida.  Después viene lo cotidiano,  vestirnos de rutina, salir al mundo y entonces la lucha que es no dejarnos envolver en la vorágine de lo establecido.  Luchar en paz por no perder de vista a los demás en su propia naturaleza, sin etiquetas.  Querernos y quererlos por que son, nomás por eso.   

     Somos responsables de hacer con lo que tenemos lo mejor que podamos, con nuestra persona y las personas que tenemos cerca, con quienes llegan a nuestra vida en diferentes momentos  del trayecto que recorremos.  Nos hace mejores saber escuchar, hablar y escribir desde el corazón y con el corazón.  Dar amor sin esperar respuesta, el fin es amar.  Entender que cada quien en el alma trae una carga distinta pero más importante que la nuestra para él o ella, porque es suya.  Son sus amores, sus ausencias y dolores, las risas y las lágrimas acumuladas a lo largo de su historia, de su vida.    Agradecemos además sentir por nosotros y por los demás. 

     Y al final de cada día nos abrazamos a nosotros mismos y reconocemos cada experiencia y  de nuevo, como al principio del día, agradecemos. 

 

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