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DETENERSE Y AGRADECER…..

Al final de cada año, los últimos días cuando ya han pasado las fiestas, las prisas por los brindis con los amigos y la familia, cuando ya no hay que comprar regalos (yo no compro, pero la mayoría sí) es importante, de hecho lo más importante, tomarse unos minutos para reflexionar y si son más de unos minutos mejor.  Detenerse, dejar a un lado el teléfono, la televisión, ponerle pausa a las serie y pensar.  Regalarnos silencio y un momento con nosotros mismos, respirar profundo y conscientes.   

Hacer además un recuento de lo que sucedió en el año, desde las cosas malas o negativas que vivimos y que siempre se recuerdan fácil y pesan mucho hasta las buenas que generalmente son más y pero se les pone menos atención.   Los eventos negativos son esporádicos, eventuales, son pocos, pero lastiman el alma y a veces rompen el corazón.  Los buenos momentos son muchos, son siempre, son diario.   Yo creo que los episodios malos están hechos para hacernos fuertes, para enseñarnos algo, para llamarnos la atención y  recordarnos que somos vulnerables, que la vida es frágil y que cada minuto cuenta.  Así por lo menos lo aprendí yo este 2017.  

A los buenos momentos debríamos ponerles siempre la atención que merecen, subrayarlos.   Sanar el alma. Apreciar todos los días cada tono de azul que nos regala el cielo y atraparlos con los ojos, pisar el pasto y sentir la tierra, admirar el color de las flores y verlas cada día crecer, los animales que deambulan por el aire y por todos lados,  observar  en la calle el amor de los padres a los hijos y la emoción de los novios cuando se encuentran, mirar los rostros, adivinar en los demás las emociones y sentir con ellos, aprender a entender a los demás.   Todos los días deberíamos leer un poco de poesía, una historia, un cuento; admirar una pintura o una escultura en cada detalle; escuchar música, mucha música porque la música transporta, con la música se sueña, se enamora, se siente.   Todos los días tenemos la oportunidad de un abrazo y si se puede más, de escuchar a los que queremos cuando nos platican algo trivial o cuando nos necesitan por algún problema o quieren compartir una alegría, es maravilloso sentir alegría por la alegría de los demás.   Y lo más maravilloso de todo es que todos los días nos tenemos a nosotros mismos al despertar respirando vida, presentes.  

De eso está hecha la vida, cada día y cada año y hay que agradecer, siempre agradecer.  Las cosas malas y las muchísimas cosas buenas, los que nos tocaron el corazón de alguna manera, los que nos acariciaron el alma, los que nos dibujaron una sonrisa con tinta indeleble, lo que nos conmovió y nos devolvió a la realidad, lo que nos reconectó con nuestras emociones. 

¡¡FELIZ 2018!!

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